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Legado familiar e inversión social privada: redefiniendo la rentabilidad

Lectura de 2 minutos

Por Richard Sippi

Diciembre de 2024
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Invertir es más que acumular capital financiero; se trata de construir algo que trascienda generaciones. Para las familias con un alto patrimonio, el reto no solo reside en multiplicar los activos materiales, sino también en generar un impacto que perdure en la sociedad y la historia. En este contexto, las family offices emergen como actores clave, ayudando a las familias a desenvolverse tanto en el mundo de las inversiones financieras como en el transformador campo de las inversiones sociales.

Si bien la rentabilidad financiera se mide tradicionalmente en cifras, la rentabilidad social genera un tipo de riqueza diferente, pero igualmente valiosa: impacto positivo en la sociedad, resiliencia en las comunidades y progreso en cuestiones estructurales. Es una oportunidad para transformar la riqueza financiera en un legado con propósito.

Como se destaca en el estudio "Familias de Altos Recursos en Brasil: Inversión de Impacto y Filantropía ", elaborado por Sitawi , existe un inmenso potencial, aún sin explotar, para alinear las carteras financieras con causas sociales sólidas, como la inclusión productiva, la educación y la justicia social. Este enfoque estratégico va más allá de la donación tradicional, ampliando el impacto para crear soluciones duraderas que aborden las complejidades del mundo actual.

El informe “Arquetipos de la Filantropía , elaborado por Rockefeller Philanthropy Advisors , refuerza la idea de que las familias pueden adoptar diferentes perfiles de acción, ya sea invirtiendo directamente en causas o estructurando proyectos de impacto alineados con sus valores. El papel del capital privado en este escenario no es solo cubrir las deficiencias del gobierno o del sector tradicional, sino asumir riesgos e invertir en soluciones innovadoras que puedan redefinir las políticas y prácticas sociales.

Para las family offices , la función va más allá de la gestión de recursos; se trata de ayudar a los clientes a redescubrir el concepto de rentabilidad. Esto implica integrar métricas de impacto social en los análisis financieros tradicionales, permitiendo que las decisiones de inversión consideren tanto los beneficios financieros como los sociales. Estudios como "Embracing Complexity ", realizado por Ashoka, Co-Impact, McKinsey & Company, Fundación Skoll, Fundación Schwab, Catalyst 2030 y traducido al portugués por el Movimiento Bem Maior, demuestran que el cambio sistémico requiere un compromiso a largo plazo y un enfoque colaborativo.

Al adoptar una visión que combina la inversión social y financiera, las familias con un alto patrimonio pueden transformar los desafíos en oportunidades, reimaginando su rol como agentes de cambio y consolidando un legado que trasciende la acumulación de riqueza material. En este proceso, las family offices se convierten en catalizadores de esta transformación, impulsando una nueva era donde la inversión es tanto una ciencia como un arte, uniendo la rentabilidad financiera y el impacto humano.