Ante tantos desafíos sociales y la necesidad de que la comunidad empresarial tome conciencia e invierta en causas filantrópicas, me sentí alentado y esperanzado tras conversar recientemente con la pareja formada por Mariel Reyes y David Vélez en la tercera edición del evento "Diálogos del Movimiento Mejor". Lo primero que me hizo reflexionar fue que, después de siete años de unirme a "The Giving Pledge" junto a mi esposa, Suzy Horn, tengo la oportunidad de dar la bienvenida y ver con entusiasmo la llegada de otra pareja latinoamericana a este gran pacto.
Escuchar a David y Mariel hablar sobre generosidad me llenó de alegría, pues son dos jóvenes entusiasmados por construir un mundo mejor. Verlos mencionar que otros emprendedores han mostrado interés en invertir en causas sociales aumentó mi confianza en que la ola de buena voluntad se intensificará y que está surgiendo una nueva generación de filántropos.
He estado trabajando para ayudar a transformar la realidad social de Brasil a través de la filantropía; desde hace mucho tiempo estoy comprometido con hacer el bien. Es un reto honorable y, con gran convicción, lo veo como el gran proyecto que Dios me ha encomendado, lo cual me da aún más energía para dedicarme a él con todas mis fuerzas.
Lamentablemente, estamos atravesando uno de los momentos más delicados del mundo. Hoy vemos una enorme desigualdad, y sabemos que las crisis sanitarias y financieras provocadas por la COVID-19 han afectado con mayor dureza a los más pobres. Nuestro país espera y necesita que el sector empresarial se movilice. Un dato que me llamó la atención proviene de la encuesta "Brasil Giving Report", publicada en febrero de este año. El estudio reveló que el 73% de los encuestados consideraba que las empresas deberían haber hecho más para apoyar a las comunidades durante ese período.
Uno de mis principales objetivos en la vida es inspirar a otros a cultivar una cultura de generosidad. La lista de miembros de "The Giving Pledge" cuenta con tan solo cuatro participantes en Latinoamérica: David, Mariel, Suzy y yo. Un número reducido que aún refleja la dificultad de obtener el compromiso de donación de las personas más adineradas. Sin embargo, nos anima ver que, si hoy en día ya vemos a jóvenes emprendedores dedicándose a causas sociales, ¡es una señal de que hay esperanza para las futuras generaciones!
Es importante destacar que esta situación no refleja la labor realizada por empresarios y filántropos durante décadas. Cito el ejemplo de Amador Aguiar, fundador de Bradesco, quien apoyó enormemente la educación y dejó un legado de generosidad inmenso. Así como Amador fue una de mis mayores inspiraciones, espero que más personas tomen conciencia y siembren la semilla para que la cultura de la generosidad se convierta en un hábito.
Cuando adoptamos una perspectiva empática, nos conmovemos. Imaginar el sufrimiento ajeno nos afecta profundamente. Para quienes deseen empezar a donar, sugiero recorrer las calles de su barrio, observar a las personas necesitadas y pensar en cómo ayudar. Existen organizaciones sociales, movimientos solidarios y asociaciones que realizan una labor esencial y necesitan apoyo.
Cuanto más hablemos de una cultura de generosidad, más se sumen a este esfuerzo solidario, más inspiración surgirá y mayor será nuestro poder para transformar la realidad del país. Los empresarios con grandes fortunas tienen enormes oportunidades para generar un impacto social. La vida es un escenario para hacer el bien. No podemos eludir esta misión. ¡Que llegue un futuro más social y menos materialista! ¡Que surja una generación con mayor propósito y voluntad de marcar la diferencia!
Este artículo se publicó originalmente en la página web del periódico Folha de S.Paulo.
Crédito de la imagen: Comunicado de prensa/MBM